Pueblos indígenas son amenazados por la ‘civilización’

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Mientras el gobierno de Brasil se enfrentó con la OEA por un dictamen de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que exige detener las obras de una polémica represa Belo Monte en la Amazonía, en Brasil aumentan las críticas por el mal estado de las represas.

En selvas de Brasil, unas 77 comunidades nunca han interactuado con la ‘civilización’.

Hace casi tres años se conocieron las fotos de dos indígenas que, en medio de la selva, apuntaban con arcos y flechas hacia el avión que en ese momento sobrevolaba su territorio. La escena, que se desarrolló en la Amazonia brasileña, le dio la vuelta al mundo. Las imágenes confirmaban la existencia de una comunidad poco conocida y aislada que vive en la frontera entre Brasil y Perú, y que no tiene contacto con la ‘civilización’. En febrero, la cadena de televisión de la BBC emitió un documental con nuevas y sorprendentes imágenes de la misma comunidad brasileña, grabadas también desde el aire.

En esta oportunidad lograron captar escenas cotidianas: lo que comen, sus herramientas, sus cultivos, la forma como adornan su cuerpo con pintura roja y ciertos detalles que han permitido conocer la vida de esta comunidad que hasta el día de hoy ha logrado permanecer aislada del mundo.

El programa, parte de la serie Selvas, que la BBC emite en Planeta Humano, volvió a despertar la curiosidad de muchos; pero, ante todo, se convirtió en la prueba reina que los investigadores de comunidades indígenas tienen para certificar la existencia de varios de los pueblos aislados que, como este, aún subsisten en Brasil, pero que están amenazados por el interés de empresas madereras que quieren talar en la zona.

Así llegaron

José Carlos Meirelles, el hombre que ha estudiado a las comunidades aisladas del Brasil por más de 40 años, y quien ha seguido por más de 22 años a esta tribu en particular, fue el guía de la expedición. Su experiencia como ‘sertanista’ (como él mismo se define) no solo permitió localizarlos para que la BBC los grabara. “Lo hicimos para demostrar que estos pueblos existen, tienen derechos y no son historias de indigenistas dementes”.

Pero el documental también despertó el interés de la actriz Gillian Anderson (famosa por su papel de la detective del FBI Dana Scully en Expedientes X), quien se unió a esta causa prestando su voz para la locución del video. “La mayor fuerza de estas increíbles imágenes está en lo sanas y seguras de sí mismas que parecen estas personas. Espero que se las pueda dejar en paz, pero eso solo ocurrirá si se detienen a los madereros”, dijo la actriz, tras su participación.

Llegar a ellos, aún por aire, es una hazaña. Se necesitan cerca de 20 horas de vuelo, en un avión monomotor, desde el centro del Brasil hasta esta zona.

También fue necesaria una autorización del gobierno brasileño, a través de la presidencia del Funai, (Fundación Nacional del Indio), el organismo gubernamental indígena más importante de Brasil, que busca hacer respetar y proteger a estas comunidades, para que sean ellos quienes decidan sus vidas, según la política indígena del Brasil, aprobada en 1988.

Los estudian de lejos

Lo que se sabe de esta comunidad en particular no es mucho. Los ‘sertanistas’ que se aventuran a entrar a estas comunidades, a pie, con una cámara de video, sus mochilas y las libretas de apuntes, solo pueden seguir sus huellas, recopilar información del rastro que dejan en la selva, y los restos de comida; actualmente están trabajando con GPS para identificar el sitio exacto por donde transitan y las zonas por donde se mueven. Pero los 240 investigadores que trabajan con la Funai en esta tarea evitan el contacto con ellos, pues, aunque se internan en la selva por meses, no se sabe qué podría pasar al entablar una relación directa. Además, tampoco se conoce la lengua.

Según Funai, hay evidencia de que en Brasil existen unos 77 grupos aislados distribuidos en los estados de Amazonas, Acre, Mato Grosso, Roraima, Rondônia, Pará y Maranhão. Hay pruebas de la presencia de otros 30, y 40 más que están siendo observados por los investigadores.

De hecho, el propio Meirelles fue atacado alguna vez por una flecha de una de estas comunidades, hace más de cinco años.
Aunque para él esta historia no pasó de ser una anécdota, la flecha casi le cuesta la vida; un helicóptero lo sacó de la selva y pudieron salvarlo, pero este incidente, dice él, fue una forma de defensa: “Se sabe que estos pueblos aislados indígenas han sido atacados y se han visto amenazados por blancos que insisten en entrar en su territorio para sacar madera. Seguramente me confundieron con uno de ellos”.

Sin embargo, no hay nadie que haya tenido un encuentro directo con esta comunidad. “Yo solo recorrí todo el territorio sin entrar en contacto con ellos. En esa región del Brasil, específicamente, tenemos dos bases donde viví durante 22 años; en ese tiempo caminé en la selva quién sabe cuántos miles de kilómetros, para definir el territorio de esta comunidad y de otros tres pueblos aislados que existen en la región. Conseguimos la demarcación de tres tierras que suman unas 624.000 hectáreas, sin hacer ningún tipo de relación con ellos”, contó Meirelles.

Según Survival, organización internacional dedicada a defender a los pueblos indígenas en el mundo, los grupos no contactados que viven en Brasil son probablemente los supervivientes de la fiebre del caucho, que supuso la esclavitud de muchos indígenas. Es probable que sobrevivientes huyeran remontando los cursos de los ríos.

Por esa razón, nadie sabe ni siquiera cómo denominarlos, o qué nombre tiene la tribu. “No se sabe quiénes son, precisamente porque no se ha querido tener contacto con ellos, y si un pueblo no tiene contacto, cómo puedo saber quiénes son”, afirma Meirelles.

“Lo alcanzado no se trata de un ‘trabajito’ de ahora, ni de una aventura fotográfica. Tenemos una política y un equipo que pasa 365 días al año monitoreando el territorio de esas comunidades: por aire, imágenes de satélite, por ríos o por tierra”, dice Meirelles.

Pero mientras las fotos y el documental muestran a una comunidad con canastos llenos de mandioca y papayas, tal como lo dice Survival, “la supervivencia de este y otros pueblos indígenas aislados está amenazada por la invasión de empresas madereras que quieren aserrar la región”.

Por eso, insiste Meirelles, “después de muchas negociaciones aceptamos la propuesta de filmarlos porque consideramos que el tema de Planeta Humano tiene relación con las amenazas que estos pueblos sufren”.

Por: CLAUDIA CERÓN CORAL

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